Alberto Ortega Cámara
Ponente Nuevos Educadores
– Profesor de Secundaria (Inglés y Lengua Española y Literatura). Junta de Andalucía y Gobierno de Canarias y Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York.
– Maestro de ATAL (Aulas Temporales de Adaptación Lingüística).
– Ponente de Innovación Educativa en Máster en Gestión Educativa. Escuela de Organización Industrial (EOI)
– Creador y formador del Programa de Implantación de la Inteligencia Emocional en el ámbito educativo (PIIE – PIIEmocional).
– Coach Educativo y Personal.
– Facilitador de Talleres de Educación Emocional y de Liderazgo. Entre otros: Ayuntamientos (Los Barrios, Pedrera, Jimena de la Frontera, Castellar de la Frontera, Benavente, Chiclana) y Universidades (de Sevilla, de Castilla y la Mancha, Pablo de Olavide, de Málaga y de Osuna).
– Practitioner en PNL (Programación Neurolingüística). Instituto de Potencial Humano.
– Experto Universitario en Coaching Personal. Universidad Camilo José Cela y Escuela de Inteligencia.
– Licenciatura en Filología Hispánica. Universidad de Sevilla.
– Autor de Vivir en Inteligencia Emocional. Editorial Alegoría.
Curso
“Educación Emocional para la gestión emocional en el aula”
Todos tenemos dos mentes, una mente que piensa, capaz de ponderar y de reflexionar y otra mente emocional, que siente, más impulsiva, ilógica. Estas dos mentes operan en estrecha colaboración, entrelazando sus distintas formas de actuar para guiarnos adecuadamente a través del mundo. Todo nuestro sistema educativo se centra en habilidades cognitivas (mente que piensa), que se asientan en el neocórtex, pero adolece del aprendizaje de las competencias emocionales (mente que siente) que van desde los centros emocionales profundos – amígdala – hasta los lóbulos prefrontales. El doctor A. Damasio nos dice que el cerebro emocional se halla tan implicado en el razonamiento con lo está el cerebro pensante. En cierto modo, tenemos dos cerebros y dos clases diferentes de inteligencia: la racional y la emocional y nuestro funcionamiento en la vida está determinado por ambos.
A diferencia de lo que ocurre con el Coeficiente de Inteligencia (CI), que apenas varía después de cumplir los diez años, el desarrollo de la Inteligencia Emocional no está determinado genéticamente y tampoco se desarrolla exclusivamente en nuestra infancia. Constituye un proceso más lento que prosigue durante toda la vida y nos permite ir aprendiendo de nuestras experiencias.
Nuestro propósito es la mejora del rendimiento de todo el alumnado y para llevar a cabo este propósito proponemos un itinerario de formación con la intención de armonizar la cabeza (razón) y el corazón (emociones), para comprender con más claridad lo que significa utilizar inteligentemente las emociones
